En octubre de 2012, Naciones Unidas publicó el Compendio de casos de delincuencia organizada, una obra construida con más de doscientos casos reales de veintisiete países, en la que Colombia fue protagonista junto a Italia e INTERPOL. Ese documento se convirtió en la referencia mundial para entender cómo se investiga, se juzga y se previene el crimen organizado transnacional. Pero el derecho no se detuvo en 2012.
Desde entonces, Colombia reescribió la tipificación de las organizaciones criminales, expidió un código autónomo de extinción de dominio y vio a su Corte Constitucional trazar los límites del poder punitivo frente al patrimonio. En el mundo aparecieron instituciones que entonces no existían: una fiscalía supranacional europea, una notificación de INTERPOL dedicada a rastrear activos criminales, una convención de Naciones Unidas contra la ciberdelincuencia. Y el centro de gravedad de la lucha global se desplazó hacia dos frentes que hoy dominan la agenda: la recuperación del patrimonio criminal y la infraestructura digital del delito, con la inteligencia artificial como su nuevo acelerador.
Este documento recorre el Compendio capítulo por capítulo y lo confronta con el estado normativo, jurisprudencial y doctrinal verificado a agosto de 2026: cada ley, cada sentencia y cada tratado citado fue contrastado en su fuente. El resultado es un mapa actualizado de la lucha contra la delincuencia organizada, escrito desde Colombia y con vocación comparada, que termina donde empieza la próxima década: en la pregunta de cómo perseguir la riqueza ilícita y el crimen digital sin sacrificar las garantías que legitiman al Estado de derecho.